viernes, 28 de diciembre de 2007

´´ los humanos nos comportamos tal como percibimos la realidad, no tal como es``

lunes, 24 de diciembre de 2007

radiohead

'Creep'

When you were here before
Couldn’t look you in the eye
Just like an angel
Skin makes me cry

You float like a feather
In a beautiful world
I wish I was special
You’re so fuckin’ special

But I’m a creep, I’m a weirdo.
What the hell am I doing here???
I don’t belong here.

I don’t care if it hurts
I want to have control
I want a perfect body
I want a perfect soul
I want you to notice
When I’m not around
So fuckin’ special
I wish I was special

But I’m a creep, I’m a weirdo.
What the hell am I doing here???
I don’t belong here.

She’s running out again,
She’s running out
She’s run run run running out...
Whatever makes you happy
Whatever you want
You’re so fuckin’ special
I wish I was special...

But I’m a creep, I’m a weirdo,
What the hell am I doing here?
I don’t belong here.
I don’t belong here.

domingo, 23 de diciembre de 2007

miércoles, 19 de diciembre de 2007


Pájaros de arcilla
Texto: Víctor Sanhueza
Música S. González



La vestimenta ósea de la calle
Se vestirá de pájaros de arcilla,
Quién corre y hacia donde esta mañana,
Quién cambiará el brocal del cielo inmenso.

Metálicas palabras, versos muertos
Levantan los andamios, limpian cauces
Quien corre y hacia donde esta mañana,
Quién cambiara el brocal del cielo inmenso.

...y allá en las altas copas florecidas
vuelvo a escuchar tu canto hermano mío.

martes, 18 de diciembre de 2007

VICTOR HUGO


Ciertas personas son malas únicamente por necesidad de hablar. Su palabra necesita mucho combustible y el combustible es el prójimo.

lunes, 17 de diciembre de 2007

Óscar Wilde


El amigo fiel
Una mañana la vieja rata de agua asomó la cabeza por su agujero. Tenía unos ojos redondos muy vivarachos y unos largos bigotes grises. Su cola parecía un elástico negro.
Unos patitos nadaban en el estanque, parecidos a una bandada de canarios amarillos, y su madre, toda blanca con patas rojas, se esforzaba en enseñarles a hundir la cabeza en el agua.
—Nunca podrán estrenarse en sociedad si no aprenden a sumergir la cabeza —les decía.
Y les enseñaba de nuevo cómo tenían que hacerlo. Pero los patitos no prestaban ninguna atención a sus lecciones. Eran tan jóvenes que no sabían las ventajas que reporta la vida de sociedad.
—¡Qué criaturas más desobedientes! —exclamó la rata de agua—. ¡Merecerían ahogarse!
—¡No lo quiera Dios! —replicó la pata—. Todo tiene sus comienzos y nunca es demasiada la paciencia de los padres.
—¡Ah! No tengo la menor idea de los sentimientos paternos —dijo la rata de agua—. No soy padre de familia. Jamás me he casado, ni he pensado en hacerlo. Indudablemente, el amor es una buena cosa a su manera; pero la amistad vale más. Le aseguro que no conozco en el mundo nada más noble o más raro que una fiel amistad.
—Y dígame, se lo ruego, ¿qué idea se forma usted de los deberes de un amigo fiel? —preguntó un pardillo verde que había escuchado la conversación, posado sobre un sauce retorcido.
—Sí, eso es precisamente lo que quisiera yo saber —dijo la pata, y nadando hacia el extremo del estanque hundió la cabeza en el agua para dar ejemplo a sus hijos.
—¡Qué pregunta más tonta! —gritó la rata de agua—. ¡Como es natural, entiendo por amigo fiel al que me demuestra fidelidad!
—¿Y qué hará usted en cambio? —dijo el avecilla columpiándose sobre una ramita plateada y moviendo sus alitas.
—No le comprendo a usted —respondió la rata de agua.
—Permítame que le cuente una historia sobre el asunto —dijo el pardillo.
—¿Se refiere a mí esa historia? —preguntó la rata de agua—. Si es así, la escucharé gustosa, porque a mí me vuelven loca los cuentos.
—Puede aplicarse a usted —respondió el pardillo.
Y abriendo las alas, se posó en la orilla del estanque y contó la historia del amigo fiel.
—Había una vez —empezó el pardillo— un honrado mozo llamado Hans.
—¿Era un hombre verdaderamente distinguido? —preguntó la rata de agua.
—No —respondió el pardillo—. No creo que fuese nada distinguido, excepto por su buen corazón y por su redonda cara morena y afable.
"Vivía en una humilde casita de campo y todos los días trabajaba en su jardín. En toda la comarca no había jardín tan hermoso como el suyo. En él crecían claveles, nomeolvides, saxifragas, así como rosas de Damasco y rosas amarillas, granates, lilas y oro, alelíes rojos y blancos.
"Y según se sucedían los meses, a su tiempo, florecían agavanzos y cardaminas, mejoranas y albahacas silvestres, velloritas y lirios de Alemania, asfódelos y claveros. Una flor sustituía a otra. Por lo cual había siempre cosas bonitas a la vista y olores agradables que respirar.
"El pequeño Hans tenía muchos amigos, pero el más íntimo era el gran Hugo, el molinero. Realmente, el rico molinero era tan allegado al pequeño Hans, que no visitaba nunca su jardín sin inclinarse sobre los macizos y coger un gran ramo de flores o un buen puñado de lechugas suculentas o sin llenarse los bolsillos de ciruelas y de cerezas, según la estación.
"—Los amigos verdaderos lo comparten todo entre sí —acostumbraba decir el molinero.
"Y el pequeño Hans asentía con la cabeza, sonriente, sintiéndose orgulloso de tener un amigo que pensaba con tanta nobleza.
"Algunas veces, sin embargo, el vecindario encontraba raro que el rico molinero no diese nunca nada a cambio al pequeño Hans, aunque tuviera cien sacos de harina almacenados en su molino, seis vacas lecheras y un gran número de ganado lanar; pero Hans no se preocupó nunca de semejante cosa.
"Nada le encantaba tanto como oír las bellas cosas que el molinero acostumbraba decir sobre la solidaridad de los verdaderos amigos.
"Así, pues, el pequeño Hans cultivaba su jardín. En primavera, en verano y en otoño se sentía muy feliz; pero cuando llegaba el invierno y no tenía ni frutos ni flores que llevar al mercado, padecía mucho frío y mucha hambre, acostándose con frecuencia sin haber comido más que unas peras secas y algunas nueces rancias.
"Además, en invierno se encontraba muy solo, porque el molinero no iba nunca a verle durante aquella estación.
"—No está bien que vaya a ver al pequeño Hans mientras duren las nieves —decía muchas veces el molinero a su mujer—. Cuando las personas pasan apuros hay que dejarlas solas y no molestarlas con visitas. Ésa es por lo menos mi opinión sobre la amistad, y estoy seguro de que es acertada. Por eso esperaré la primavera y entonces iré a verle; podrá darme un gran cesto de velloritas y eso le alegrará.
"—Eres realmente amable con los demás —le respondía su mujer, sentada en un cómodo sillón junto a un buen fuego de leña—. Resulta encantador oírte hablar de la amistad. Estoy segura de que el cura no diría sobre ella cosas tan bellas como tú, aunque vive en una casa de tres pisos y lleva un anillo de oro en el meñique.
"—¿Y no podríamos invitar al pequeño Hans a venir aquí? —preguntaba el hijo del molinero—. Si el pobre Hans pasa apuros, le daré la mitad de mi sopa y le enseñaré mis conejos blancos.
"—¡Qué bobo eres! —exclamó el molinero—. Verdaderamente no sé para qué sirve mandarte a la escuela. Parece que no aprendes nada. Si el pequeño Hans viniese aquí, ¡caramba!, y viera nuestro buen fuego, nuestra excelente cena y nuestro gran barril de vino tinto podría sentir envidia. Y la envidia es una cosa terrible que estropea los mejores caracteres. Realmente, no podría yo sufrir que el carácter de Hans se estropeara. Soy su mejor amigo, velaré siempre por él y tendré buen cuidado de no exponerle a ninguna tentación. Además, si Hans viniese aquí, podría pedirme que le diese un poco de harina fiada, lo cual no puedo hacer. La harina es una cosa y la amistad es otra, y no deben confundirse. Esas dos palabras se escriben de un modo diferente y significan cosas muy distintas, como todo el mundo sabe.
"—¡Qué bien hablas! —dijo la mujer del molinero sirviéndose un gran vaso de cerveza caliente—. Me siento verdaderamente como adormecida, lo mismo que en la iglesia.
"—Muchos obran bien —replicó el molinero—, pero pocos saben hablar bien, lo que prueba que hablar es, con mucho, la cosa más difícil, así como la más hermosa de las dos.
"Y miró severamente por encima de la mesa a su hijo que, avergonzado, bajó la cabeza, se puso colorado como un tomate y empezó a llorar encima de su té."
—¿Ése es el final de la historia? —preguntó la rata de agua.
—Nada de eso —contestó el pardillo—. Ése es el comienzo.
—Entonces quiere decir que está usted muy atrasado con relación a su tiempo —repuso la rata de agua—. Hoy día todo buen cuentista empieza por el final, prosigue por el comienzo y termina por la mitad. Es el nuevo método. Así se lo he oído decir a un crítico que se paseaba alrededor del estanque con un joven. Trataba el asunto magistralmente y estoy segura de que tenía razón, porque llevaba unas gafas azules y era calvo, y cuando el joven le hacía alguna observación, contestaba siempre: "¡Pse!" Pero continúe usted su historia, por favor. Me agrada mucho el molinero. Yo también encierro toda clase de bellos sentimientos: por eso hay una gran simpatía entre él y yo.
—¡Bien! —dijo el pardillo, brincando sobre sus dos patitas—. No bien pasó el invierno, en cuanto las velloritas empezaron a abrir sus estrellas amarillo pálidas, el molinero dijo a su mujer que iba a salir y visitar al pequeño Hans.
"—¡Ah, qué buen corazón tienes! —le gritó su mujer—. Siempre pensando en los demás. No te olvides de llevar el cesto grande para traer las flores.
"Entonces el molinero ató unas con otras las aspas del molino con una fuerte cadena de hierro y bajó la colina con la cesta al brazo.
"—Buenos días, pequeño Hans —dijo el molinero.
"—Buenos días —contestó Hans, apoyándose en su azadón y sonriendo con toda su boca.
"—¿Y cómo has pasado el invierno? —preguntó el molinero.
"—¡Bien, bien!. —repuso Hans—. Muchas gracias por tu interés. He pasado mis malos ratos, pero ahora ha vuelto la primavera y me siento casi feliz... Además, mis flores van muy bien.
"—Hemos hablado de ti con mucha frecuencia este invierno, Hans —prosiguió el molinero—, preguntándonos qué sería de ti.
"—¡Qué amable eres! —dijo Hans—. Temí que me hubieras olvidado.
"—Hans, me sorprende oírte hablar de ese modo —dijo el molinero—. La amistad no olvida nunca. Eso es lo que tiene de admirable, aunque me temo que no comprendas la poesía de la amistad... Y entre paréntesis, ¡qué bellas están tus velloritas!
"—Sí, verdaderamente están muy bellas —dijo Hans—, y es para mí una gran suerte tener tantas. Voy a llevarlas al mercado, donde las venderé a la hija del burgomaestre, y con ese dinero compraré otra vez mi carretilla.
"—¿Que comprarás otra vez tu carretilla? ¿Quieres decir entonces que la has vendido? Has cometido una tontería.
"—Con toda seguridad, pero el hecho es —replicó Hans— que me vi obligado a ello. Como sabes, el invierno es una estación mala para mí y no tenía ningún dinero para comprar pan. Así es que vendí primero los botones de plata de mi traje de los domingos; luego vendí mi cadena de plata y después mi flauta. Por último vendí mi carretilla. Pero ahora voy a rescatarlo todo.
"—Hans —dijo el molinero—, te daré mi carretilla. No se halla en buen estado. Uno de los lados se ha roto y están algo torcidos los radios de la rueda, pero a pesar de esto te la daré. Sé que es muy generoso por mi parte y a mucha gente le parecerá una locura que me desprenda de ella, pero yo no soy como el resto del mundo. Creo que la generosidad es la esencia de la amistad, y, además, me he comprado una carretilla nueva. Sí, puedes estar tranquilo... Te daré mi carretilla.
"—Gracias, eres muy generoso —dijo el pequeño Hans. Y su amable cara redonda resplandeció de placer—. Puedo arreglarla fácilmente porque tengo una tabla en mi casa.
"—¡Una tabla! —exclamó el molinero—. ¡Muy bien! Eso es precisamente lo que necesito para la techumbre de mi granero. Hay una gran brecha y sé me mojará todo el trigo si no la tapo. ¡Qué oportuno has estado! Realmente es de notar que una buena acción engendra otra siempre. Te he dado mi carretilla y ahora tú vas a darme tu tabla. Claro es que la carretilla vale mucho más que la tabla, pero la amistad sincera no repara nunca en esas cosas. Dame en seguida la tabla y hoy mismo me pondré a la obra para arreglar mi granero.
"—¡Encantado! —replicó el pequeño Hans.
"Fue corriendo a su vivienda y sacó la tabla.
"—No es una tabla muy grande —dijo el molinero, examinándola—, y me temo que una vez hecho el arreglo de la techumbre del granero no quedará madera suficiente para el arreglo de la carretilla, pero, claro, no tengo la culpa de eso... Y ahora, en vista de que te he dado mi carretilla, estoy seguro de que accederás a darme en cambio unas flores... Aquí tienes el cesto; procura llenarlo casi por completo.
"—¿Casi por completo? —dijo el pequeño Hans, bastante afligido, porque el cesto era de grandes dimensiones y comprendía que si lo llenaba no tendría ya flores para llevar al mercado y estaba deseando rescatar sus botones de plata.
"—¡Válgame Dios! —respondió el molinero—, ya que te doy mi carretilla no creí que fuese mucho pedirte unas cuantas flores. Podré estar equivocado, pero yo me figuré que la amistad, la verdadera amistad, no puede compartirse con el egoísmo.
"—Mi querido amigo, mi mejor amigo —protestó el pequeño Hans—, todas las flores de mi jardín están a tu disposición, porque me importa mucho más tu estimación que mis botones de plata.
"Y corrió a coger las preciosas velloritas y a llenar el cesto del molinero.
"—¡Adiós, pequeño Hans! —dijo el molinero subiendo de nuevo la colina con su tabla al hombro y su gran cesto al brazo.
"—¡Adiós! —dijo el pequeño Hans.
"Y se puso a cavar alegremente: ¡estaba tan contento de tener otra carretilla!
"A la mañana siguiente, cuando estaba sujetando unas madreselvas sobre su puerta, oyó la voz del molinero que le llamaba desde el camino. Entonces saltó de su escalera y corriendo al final del jardín miró por encima del muro.
"Era el molinero con un gran saco de harina a su espalda.
"—Pequeño Hans —dijo el molinero—, ¿querrías llevarme este saco de harina al mercado?
"—¡Oh, lo siento mucho! —dijo Hans—; pero verdaderamente me encuentro hoy ocupadísimo. Tengo que sujetar todas mis enredaderas, regar todas mis flores y segar todo mi césped.
"—¡Caramba! —replicó el molinero—; esperaba que en consideración a que te he dado mi carretilla ibas a complacerme.
"—¡Oh, sí quiero complacerte! —protestó el pequeño Hans—. Por nada del mundo dejaría yo de obrar como amigo tratándose de ti.
"Y fue a coger su gorra y partió con el gran saco a la espalda.
"Era un día muy caluroso y la carretera estaba terriblemente polvorienta. Antes de que Hans llegara al hito que marcaba la sexta milla, se hallaba tan fatigado que tuvo que sentarse a descansar. Sin embargo, no tardó mucho en continuar animosamente su camino y por fin llegó al mercado.
"Después de esperar un rato, vendió el saco de harina a buen precio y regresó a su casa de un tirón, porque temía encontrarse a algún salteador en el camino si se retrasaba mucho.
"¡Qué día tan duro! —se dijo Hans al meterse en su cama—. Pero me alegro mucho de haber hecho este favor al molinero, porque es mi mejor amigo y, además, va a darme su carretilla."
"A la mañana siguiente, muy temprano, el molinero llegó por el dinero de su saco de harina, pero el pequeño Hans estaba tan cansado, que aún no se había levantado.
"—¡Palabra! —exclamó el molinero—. Eres muy perezoso. Cuando pienso que acabo de darte mi carretilla, creo que podrías trabajar con más ardor. La pereza es un gran vicio y no quisiera yo que ninguno de mis amigos fuera perezoso o apático. No creas que te hablo sin consideración. Claro es que no te hablaría así si no fuese amigo tuyo. Pero, ¿de qué serviría la amistad si no pudiera uno decir claramente lo que piensa? Todo el mundo puede decir cosas amables y esforzarse en complacer y halagar, pero un amigo sincero dice cosas desagradables y no teme causar pesadumbre. Por el contrario, si es un amigo verdadero, lo prefiere, porque sabe que así hace bien.
"—Lo siento mucho —respondió el pequeño Hans, restregándose los ojos y quitándose el gorro de dormir—. Pero estaba tan rendido, que creía haberme acostado hace poco y escuchaba cantar a los pájaros. ¿No sabes que trabajo siempre mejor cuando he oído cantar a los pájaros?
"¡Bueno, tanto mejor! —respondió el molinero dándole una palmada en el hombro—, porque necesito que arregles la techumbre de mi granero.
"El pequeño Hans tenía gran necesidad de ir a trabajar a su jardín, porque hacía dos días que no regaba sus flores, pero no quiso decir que no al molinero, que era un buen amigo para él.
"—¿Crees que no sería amistoso decirte que tengo que hacer? —preguntó con voz humilde y tímida.
"—No creí nunca, por cierto —contestó el molinero—, que fuese mucho pedirte, teniendo en cuenta que acabo de regalarte mi carretilla, pero claro es que lo haré yo mismo si te niegas.
"—¡Oh, de ningún modo! —exclamó el pequeño Hans, saltando de su cama.
"Se vistió y fue al granero.
"Trabajó allí durante todo el día hasta el anochecer, y al ponerse el sol vino el molinero a ver hasta dónde había llegado.
"—¿Has tapado el boquete del techo, pequeño Hans? —gritó el molinero con tono alegre.
"—Está casi terminado —respondió Hans, bajando la escala.
"—¡Ah! —dijo el molinero—. No hay trabajo más agradable como el que se hace por otro.
"—¡Es un encanto oírte hablar! —respondió el pequeño Hans, que descansaba secándose la frente—. Es un encanto, pero temo que nunca llegaré a tener ideas tan hermosas como las tuyas.
"—¡Oh, ya las tendrás! —dijo el molinero—, pero habrás de tomarte más trabajo. Por ahora no posees más que la práctica de la amistad. Algún día poseerás también la teoría.
"—¿Crees eso de verdad? —preguntó el pequeño Hans.
"—Indudablemente —contestó el molinero—. Y ahora que has arreglado el techo, mejor será que vuelvas a tu casa a descansar, pues mañana necesito que lleves mis carneros a la montaña.
"El pobre Hans no se atrevió a protestar, y al día siguiente, al amanecer, el molinero condujo sus carneros hasta cerca de su casita y Hans se fue con ellos a la montaña. Entre ir y volver se le fue el día, y cuando regresó estaba tan cansado, que se durmió en su silla y no se despertó hasta entrada la mañana.
"¡Qué tiempo más delicioso tendrá mi jardín —se dijo—, e iba a ponerse a trabajar, pero por un motivo u otro no tuvo tiempo de echar un vistazo a sus flores; llegaba su amigo el molinero y le mandaba muy lejos a cumplir recados o le pedía que fuese ayudarle en el molino. Algunas veces el pequeño Hans se apuraba mucho al pensar que sus flores creerían que las había olvidado, pero se consolaba pensando que el molinero era su mejor amigo.
"Además —acostumbraba decirse—, va a darme su carretilla, lo cual es un acto de puro desprendimiento."
"Y el pequeño Hans trabajaba para el molinero, y éste decía muchas cosas bellas sobre la amistad, cosas que Hans copiaba en su libro verde y que releía por la noche, pues era culto.
"Ahora bien; sucedió que una noche, estando el pequeño Hans sentado junto al fuego, dieron un aldabonazo en la puerta.
"La noche era negrísima. El viento soplaba y rugía en torno de la casa de un modo tan terrible, que Hans pensó al principio si sería el huracán el que sacudía la puerta.
"Pero sonó un segundo golpe y después un tercero, más violento que los otros.
"Será algún pobre viajero —se dijo el pequeño Hans y corrió a la puerta.
"El molinero estaba en el umbral con una linterna en una mano y un grueso garrote en la otra.
"—Querido Hans —gritó el molinero—, me aflige un gran pesar. Mi hijo se ha caído de una escala, hiriéndose. Voy a buscar al médico. Pero vive lejos de aquí y la noche es tan mala, que he pensado que fueses tú en mi lugar. Ya sabes que te doy mi carretilla. Por eso estaría muy bien que hicieses algo por mí en cambio.
"—Por supuesto —exclamó el pequeño Hans—, me alegra mucho que se te haya ocurrido venir. Iré en seguida. Pero debías dejarme tu linterna, porque la noche es tan oscura, que temo caer en alguna zanja.
"—Lo siento muchísimo —respondió el molinero—, pero es mi linterna nueva y sería una gran pérdida que le ocurriese algo.
—¡Bueno!, ¡no hablemos más! Iré sin ella —dijo el pequeño Hans.
"Se puso su gran capa de pieles, un gorro colorado muy abrigador, se enrolló su bufanda alrededor del cuello y partió.
"¡Qué terrible tempestad se desencadenaba!
"La noche era tan negra, que el pequeño Hans apenas veía, y el viento, tan fuerte que le costaba gran trabajo andar.
"Sin embargo, él era muy animoso, y después de caminar cerca de tres horas, llegó a casa del médico y llamó a la puerta.
"—¿Quién es? —gritó el doctor, asomando la cabeza a la ventana de su dormitorio.
"—¡El pequeño Hans, doctor!
"—¿Y qué deseas, pequeño Hans?
"—El hijo del molinero se ha caído de una escala y se ha herido y es menester que vaya usted en seguida.
"—¡Muy bien! —replicó el doctor.
"Enjaezó en el acto su caballo, se calzó sus grandes botas y, cogiendo su linterna, bajó la escalera. Se dirigió a casa del molinero, llevando al pequeño Hans a pie detrás de él.
"Pero la tormenta arreció. Llovía a torrentes y el pequeño Hans no podía ni ver por dónde iba, ni seguir al caballo.
"Finalmente, perdió su camino, estuvo vagando por el páramo, que era un paraje peligroso lleno de hoyos profundos, cayó en uno de ellos y se ahogó.
"A la mañana siguiente, unos pastores encontraron su cuerpo flotando en una gran charca y le llevaron a su choza.
"Todo el mundo asistió al entierro del pequeño Hans, porque era muy querido. Y el molinero figuró a la cabeza del duelo.
"—Yo era yo su mejor amigo —decía el molinero—; justo es que ocupe el sitio de honor.
"Así es que fue a la cabeza del cortejo con una larga capa negra; de cuando en cuando se enjugaba los ojos con un gran pañuelo.
"—El pequeño Hans representa ciertamente una gran pérdida para todos nosotros —dijo el hojalatero una vez terminados los funerales y cuando la comitiva estuvo cómodamente instalada en la posada, bebiendo vino dulce y comiendo buenos pasteles.
"—Es una gran pérdida, sobre todo para mí —contestó el molinero—. En verdad, yo fui lo bastante bueno para comprometerme a darle mi carretilla y ahora no sé qué hacer con ella. Me estorba en casa, y está en tan mal estado que, si la vendiera, no sacaría nada. Les aseguro que de aquí en adelante no daré nada a nadie. Se pagan siempre las consecuencias de haber sido generoso."
—Y es verdad —replicó la rata de agua después de una larga pausa.
—¡Bueno! Pues eso es todo dijo el pardillo.
—¿Y qué fue del molinero? —preguntó la rata de agua.
—¡Oh! No lo sé realmente —contestó el pardillo—, y me da lo mismo.
—Es evidente que su carácter no es nada simpático —dijo la rata de agua.
—Temo que no haya comprendido usted la moraleja de la historia —replicó el pardillo.
—¿La qué? —gritó la rata de agua.
—La moraleja.
—¿Quieres decir que la historia tiene una moraleja?
—¡Pues, naturalmente! —afirmó el pardillo.
—¡Caramba! —dijo la rata con tono iracundo—. Podía usted habérmelo dicho antes de empezar. De ser así no le hubiera escuchado, con toda seguridad. Le hubiese dicho indudablemente: "¡Pse!", como el crítico. Pero aún estoy a tiempo de hacerlo.
Gritó su "¡pse!" a toda voz y, dando un coletazo, se volvió a su agujero.
—¿Qué le parece a usted la rata de agua? —preguntó la pata, que llegó chapoteando algunos minutos después—. Tiene muchas buenas cualidades, pero yo, por mi parte, tengo sentimientos de madre y no puedo ver a un solterón empedernido sin que se me salten las lágrimas.
—Temo haberle molestado —respondió el pardillo—. El hecho es que le he contado una historia que tiene su moraleja.
—¡Ah, eso es siempre una cosa peligrosísima! —dijo la pata.
—Y yo comparto absolutamente su opinión.

lunes, 10 de diciembre de 2007


Ya es tiempo
F. Sazo / S. González

Es la hora
Que nos sentemos frente al mar
Nosotros
Los hijos
Más terribles de la historia...
No tenemos
Paz más la tendremos
Nosotros
Los hombres
Que nos venció la guerra...
Busco en tu mirada
Los peldaños
Vida
Para subir los siglos
Que me faltan...

Es la hora
Que nos sentemos frente al mar
Nosotros
Los hijos
Más terribles de la historia...
Seremos el aire!
Las alas de los hombres!
Para ganarnos el cielo

sábado, 8 de diciembre de 2007

MIGUEL HERNÁNDEZ







    ETERNA SOMBRA


Yo que creí que la luz era mía
precipitado en la sombra me veo.
Ascua solar, sideral alegría
ígnea de espuma, de luz, de deseo.

Sangre ligera, redonda, granada:
raudo anhelar sin perfil ni penumbra.
Fuera, la luz en la luz sepultada.
Siento que sólo la sombra me alumbra.

Sólo la sombra. Sin rastro. Sin cielo.
Seres. Volúmenes. Cuerpos tangibles
dentro del aire que no tiene vuelo,
dentro del árbol de los imposibles.

Cárdenos ceños, pasiones de luto.
Dientes sedientos de ser colorados.
Oscuridad del rencor absoluto.
Cuerpos lo mismo que pozos cegados.

Falta el espacio. Se ha hundido la risa.
Ya no es posible lanzarse a la altura.
El corazón quiere ser más de prisa
fuerza que ensancha la estrecha negrura.

Carne sin norte que va en oleada
hacia la noche siniestra, baldía.
¿Quién es el rayo de sol que la invada?
Busco. No encuentro ni rastro del día.

Sólo el fulgor de los puños cerrados,
el resplandor de los dientes que acechan.
Dientes y puños de todos los lados.
Más que las manos, los montes se estrechan.

Turbia es la lucha sin sed de mañana.
¡Qué lejanía de opacos latidos!
Soy una cárcel con una ventana
ante una gran soledad de rugidos.

Soy una abierta ventana que escucha,
por donde ver tenebrosa la vida.
Pero hay un rayo de sol en la lucha
que siempre deja la sombra vencida.

martes, 4 de diciembre de 2007

inti illimani




Juanito Laguna Remonta Un Barrilete

Si Juanito Laguna llega a la nube
es el viento que viene, lo ama y lo sube,
es el nombre Juanito en la cañada
es el nombre Laguna, casi no es nada.

Corazones de trapo sueñan la cola.
Palomita torcaza su cara sola,
si Juanito Laguna sube y se queda
es, tal vez, porque puede,
puede que pueda.

¡Ay! Juanito Laguna
Volará el barrilete con tu fortuna.

Con el viento la caña silba una huella
y la huella se pierde, Juanito en ella.
Si Juanito Laguna le presta un sueño
es el canto que sube hasta su dueño.
Es un ojo en el aire, es carta y sobre:
Barrilete Laguna, Juanito Pobre.
Si Juanito Laguna sueña conmigo
volveré en barrilete para mi amigo.

viernes, 30 de noviembre de 2007




Arte de un pájaro


(para mi tía, hermosa y voladora y única ausente)
Texto.francisco sazo
Música : claudio “pajarito” araya

Llora esta canción tan negra como el mar
Con tu corazón perdido como yo
Náufrago en la soledad de este vino que hace mal
Y un espejo se alejó con la s risas de ese bar
Dios no estaba allí se fue volando como el humo
Del día fatal en que alguien me contó que tu ya no estarás
Para guardarme ese pan, y alojarme con amor
Al recuerdo de tu paz (en la maldita ciudad)

Huérfano de sol, ebrio de ti corrí a buscar
La dirección y volver al hogar
Y encontrar tu viva voz la sonrisa que no esta
Y el amigo que servia mis tristezas en el bar
Me llevo a la micro aquella
De la vereda dorsal
La vereda capital
Para volverte a encontrar

(para abrazarte allí volando
Para aprender a volar
Y ese vino no es escala para subirte a buscar…)

domingo, 25 de noviembre de 2007

Sabina Joaquin

Contigo Lyrics

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecínas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

lunes, 19 de noviembre de 2007

"¡Cuánto será mi dolor!"







Exiliada Del Sur

Un ojo dejé en los lagos
Por un descuido casual;
El otro quedó en Parral
En un boliche de tragos.
Recuerdo que mucho estrago
De niño vio el alma mía:
Miserias y alevosías
Anudan mi pensamiento;
Entre las aguas y el viento
Me pierdo en la lejanía.

Mi brazo derecho en Buin
Quedó, señores oyentes;
El otro por San Vicente
quedó no sé con qué fin.
Mi pecho en Curacautín
- Lo veo en un jardincillo -
Mis manos, en Maitencillo
Saludan por Pelequén;
Mi luz en Perquilauquén
Recoge unos pecesillos.

Se me enredó en San Rosendo
Un pie al cruzar una esquina;
El otro en la Quiriquina
Se me hunde mares adentro.
Mi corazón descontento
Latió con pena en Temuco
Y me ha llorado en Calbuco
De frío, por una escarcha.
Hoy enderezo mi marcha
A la cuesta e Chacabuco.

Mis nervios dejo en Graneros,
La sangre en San Sebastián
Y en la ciudad de Chillán
La calma me bajó a cero;
Mi riñonada en Cabrero
Destruye una caminata
Y en una calle de Itata
Se me rompió el estrumento
Y paso por Nacimiento
Una mañana de plata.

Desembarcando en Riñihue
Se vio a la Violeta Parra
Sin cuerdas en la guitarra,
Sin hojas en el coligüe.
Una banda' de chirigües
Le vino a dar un concierto.
Desembarcando en Riñihue
Se vio a la Violeta Parra
Desembarcando en Riñihue
Se vio a la Violeta Parra.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Pablo Neruda


NO TAN ALTO

De cuando en cuando y a lo lejos
hay que darse un baño de tumba.

Sin duda todo está muy bien
y todo está muy mal, sin duda.

Van y vienen los pasajeros,
crecen los niños y las calles,
por fin compramos la guitarra
que lloraba sola en la tienda.

Todo está bien, todo está mal.

Las copas se llenan y vuelven
naturalmente a estar vacías
y a veces en la madrugada,
se mueren misteriosamente.

Las copas y los que bebieron.

Hemos crecido tanto que ahora
no saludamos al vecino
y tantas mujeres nos aman
que no sabemos cómo hacerlo.

Qué ropas hermosas llevamos!
Y qué importantes opiniones!

Conocí a un hombre amarillo
que se creía anaranjado
y a un negro vestido de rubio.

Se ven y se ven tantas cosas.

Vi festejados los ladrones
por caballeros impecables
y esto se pasaba en inglés.
Y vi a los honrados, hambrientos,
buscando pan en la basura.

Yo sé que no me cree nadie.
Pero lo he visto con mis ojos.

Hay que darse un baño de tumba
y desde la tierra cerrada
mirar hacia arriba el orgullo.

Entonces se aprende a medir.
Se aprende a hablar, se aprende a ser.
Tal vez no seremos tan locos,
tal vez no seremos tan cuerdos.
Aprenderemos a morir.
A ser barro, a no tener ojos.
A ser apellido olvidado.

Hay unos poetas tan grandes
que no caben en una puerta
y unos negociantes veloces
que no recuerdan la pobreza.
Hay mujeres que no entrarán
por el ojo de una cebolla
y hay tantas cosas, tantas cosas,
y así son, y así no seran.

Si quieren no me crean nada.

Sólo quise enseñarles algo.

Yo soy profesor de la vida,
vago estudiante de la muerte
y si lo que sé no les sirve
no he dicho nada, sino todo.

jueves, 15 de noviembre de 2007

simplemente...


los magnolios están floreciendo y las frágiles flores de los ciruelos ya cubrieron el suelo

Nicanor Parra





AUTORRETRATO

Considerad, muchachos,
Este gabán de fraile mendicante:
Soy profesor en un liceo obscuro,
He perdido la voz haciendo clases.
(Después de todo o nada
Hago cuarenta horas semanales).
¿Qué les dice mi cara abofeteada?
¡Verdad que inspira lástima mirarme!
Y qué les sugieren estos zapatos de cura
Que envejecieron sin arte ni parte.

En materia de ojos, a tres metros
No reconozco ni a mi propia madre.
¿Qué me sucede? -¡Nada!
Me los he arruinado haciendo clases:
La mala luz, el sol,
La venenosa luna miserable.
Y todo ¡para qué!
Para ganar un pan imperdonable
Duro como la cara del burgués
Y con olor y con sabor a sangre.
¡Para qué hemos nacido como hombres
Si nos dan una muerte de animales!

Por el exceso de trabajo, a veces
Veo formas extrañas en el aire,
Oigo carreras locas,
Risas, conversaciones criminales.
Observad estas manos
Y estas mejillas blancas de cadáver,
Estos escasos pelos que me quedan.
¡Estas negras arrugas infernales!
Sin embargo yo fui tal como ustedes,
Joven, lleno de bellos ideales
Soñé fundiendo el cobre
Y limando las caras del diamante:
Aquí me tienen hoy
Detrás de este mesón inconfortable
Embrutecido por el sonsonete
De las quinientas horas semanales.

martes, 13 de noviembre de 2007

Borges y yo



Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionaio biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de stevenson; el otro comparte esas prefrencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de lebrarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
N
o sé cual de los dos escribe esta página
.

sábado, 10 de noviembre de 2007

BAJAR ANCLAS





RECUERDO CUANDO LAS COSAS ERAN SENCILLAS, ES MÁS NI SIQUIERA TENÍA CONCIENCIA DE LO DIFÍCIL, ES MÁS NI SIQUIERA TENÍA CONCIENCIA. PERO UN BUEN DÍA FUE ASÍ; NADIE TUVO CONSIDERACIÓN Y EN CADA GRITO NOCTURNO ME FUI DESAPARECIENDO Y LOS ODIE: ADOLESCENTE EN REBELDÍA... NO FUI CAPAZ DE MIRAME A LA CARA SOLO PORQUE NO QUERÍA RECONOCER EL ODIO. HOY DEBIESE ESTAR SEGURA DE LO QUE HE HECHO, CREO QUE ESTÁN ORGULLOS@S DE MI, PERO OTRA VEZ NO ME PUEDO MIRAR A LA CARA, CREO QUE YA NI ME RECONOZCO... EL ORGULLO, EL ORGULLO ¡MENTIRA!, SOLO ES LA VERGUENZA QUE NO ES CAPAZ DE REACCIONAR. REPITO Y LO VUELVO A REPETIR ME GUSTARÍA SER TONTA PERO BIEN TONTA, PORQUE POR LO MENOS NO ME DARÍA CUENTA. CREO QUE HASTA MI INFINITA PACIENCIA SE AGOLPA Y SE ESTRELLA EN EL VACÍO. RECUERDO CUANDO LAS COSAS ERAN SIMPLES, RECUERDO QUE YO NO PUDE SER LA MISMA, SOLO SIENTO EL ESCOSOR DE MI GARAGANTA Y LA RABIA INFINITA DE DESPERTAR Y EXTREÑAR EL SUEÑO.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

Vientos del Pueblo

Recoged esta voz

Miguel Hernández



Naciones de la tierra, patrias del mar, hermanos
del mundo y de la nada:
habitantes perdidos y lejanos,
más que del corazón, de la mirada.
Aquí tengo una voz enardecida,
aquí tengo una vida combatida y airada,
aquí tengo un rumor , aquí tengo una vida.
Abierto estoy, mirad, como una herida.
Hundido estoy, mirad, estoy hundido
en medio de mi pueblo y de sus males.
Herido voy, herido y malherido,
sangrando por trincheras y hospitales.
Hombres , mundos, naciones,
atended, escuchad mi sangrante sonido,
recoged mis latidos de quebranto
en vuestros espaciosos corazones,
porque yo empuño el alma cuando canto.
Cantando me defiendo
y defiendo mi pueblo cuando en mi pueblo imprimen
su herradura de pólvora y estruendo
los bárbaros del crimen.
Esta es su obra, esta:
pasan , arrasan como torbellinos,
y son ante su cólera funesta
armas los horizontes y muertes los caminos.
El llanto que por valles y balcones se vierte,
en las piedras diluvia y en piedras trabaja,
y no hay espacio para tanta muerte,
y no hay madera para tanta caja.
Caravanas de cuerpos abatidos.
Todos vendajes, penas y pañuelos:
todo camillas donde a los heridos
se les quiebran las fuerzas y los vuelos.
Sangre, sangre por árboles y suelos,
sangre por aguas, sangre por paredes,
y un temor de que España se desplome
del peso de la sangre que moja entre sus redes
hasta el pan que se come.
Recoged este viento,
naciones, hombres, mundos
que parte de las bocas de conmovido aliento
y de los hospitales moribundos.
Aplicad las orejas
a mi clamor de pueblo atropellado,
al ¡ay! de tantas madres, a las quejas
de tanto ser luciente que el luto ha devorado.
Los pechos que empujaban y herían las montañas,
vedlos desfallecidos sin leche ni hermosura,
y ved las blancas novias y las negras pestañas
caídas y sumidas en una siesta oscura.
Aplicad la pasión de las entrañas
a este pueblo que muere con un gesto invencible
sembrados por los labios y la frente,
bajo los implacables aeroplanos
que arrebatan terrible,
terrible, ignominiosa, diariamente,
a las madres los hijos de las manos.
Ciudades de trabajo y de inocencia,
juventudes que brotan de la encina,
troncos de bronce, cuerpos de potencia
yacen precipitados en la ruina.
Un porvenir de polvo se avecina,
se avecina un suceso
en que no quedará ninguna cosa:
ni piedra sobre piedra ni hueso sobre hueso.
España no es España, que es una inmensa fosa,
que es un gran cementerio rojo y bombardeado:
los bárbaros la quieren de este modo.
Será la tierra un denso corazón desolado,
si vosotros, naciones, hombres, mundos,
con mi pueblo del todo
y vuestro pueblo encima del costado,
no quebráis los colmillos iracundos.
II
Pero no lo será: que un mar pifiante,
triunfante siempre, siempre decidido,
hecho por la luz, para la hazaña,
agita su cabeza de rebelde diamante,
bate su pie calzado en el sonido
por todos los cadáveres de España.
Es una juventud: recoged este viento.
Su sangre es el cristal que no se empaña,
su sombrero el laurel y el pedernal su aliento.
Donde clava la fuerza de sus dientes
brota un volcán de diáfanas espadas,
y sus hombros batientes,
y sus talones guían llamaradas.
Esta compuesta de hombres del trabajo
de herreros rojos, de albos albañiles,
de yunteros con rostro de cosechas.
Oceánicamente transcurren por debajo
de un fragor de sirenas y herramientas fabriles
y de gigantes arcos alumbrados con flechas.
A pesar de la muerte, estos varones
con metal y relámpagos igual que los escudos,
hacen retroceder a los cañones
acobardados, temblorosos, mudos.
El polvo no los puede y hacen del polvo fuego,
savia, explosión, verdura repentina:
con su poder de abril apasionado
precipitan el alma del espliego,
el parto de la mina,
el fértil movimiento del arado.
Ellos harán de cada ruina un prado,
de cada pena un fruto de alegría,
de España un firmamento de hermosura.
Vedlos agigantar el mediodía,
y hermosearlo todo con su joven bravura.
Se merecen la espuma de los truenos,
se merecen la vida y el olor del olivo,
los españoles amplios y serenos
que mueven la mirada como un pájaro altivo.
Naciones, hombres, mundos, esto escribo:
la juventud de España saldrá de las trincheras
de pie, invencible como la semilla,
pues tiene un alma llena de banderas
que jamás se asomete ni arrodilla.
Allí van por los yermos de Castilla
los cuerpos que parecen potros batalladores,
toros de victorioso desenlace,
diciéndose en su sangre de generosas flores
que morir es la cosa mas grande que se hace.
Quedaran en el tiempo vencedores,
siempre de sol y majestad cubiertos,
los guerreros de huesos tan gallardos
que si son muertos son gallardos muertos:
la juventud que a España salvara aunque tuviera
que combatir con un fusil de nardos
y una espada de cera.

martes, 6 de noviembre de 2007

Federico García Lorca

Adam



Árbol de Sangre riega la mañana
por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana
blancas metas de fábula que olvida
el tumulto de venas en la huida
hacia el turbio frescor de la manzana,

Adam sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopando
por el doble latir de su mejilla.

Pero otro Adán oscuro está soñando
neutra luna de piedra sin semilla
donde el niño de luz se irá quemando.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Aún me encuentro SODADA


En remolinos

Dejame vivir este sueño
Que delirio
Una flor
Una flor
Otra flor
Un maestro
Una causa
Un efecto

Quien sabra el valor de tus deseos
Quien sabra

Gira el sol
Gira el mundo
Gira Dios

Energia misteriosa
Resplandor
Al soltar mi cuerpo en remolinos
Resplandor
Otra flor

Paraiso
Es una cura
Perfeccion
Florecer mirandote a los ojos
Perfeccion
Florecer mirandote a los ojos
Perfeccion
Florecer los dos
Florecer
Florecer los dos
Florecer




martes, 30 de octubre de 2007

FEDERICO GARCIA LORCA





CUERPO PRESENTE

La piedra es una frente donde los sueños gimen sin tener agua curva ni cipreses helados. La piedra es una espalda para llevar al tiempo con árboles de lágrimas y cintas y planetas.

Yo he visto lluvias grises correr hacia las olas, levantando sus tiernos brazos acribillados, para no ser cazadas por la piedra tendida que desata sus miembros sin empapar la sangre.
Porque la piedra coge simientes y nublados, esqueletos de alondras y lobos de penumbra; pero no da sonidos, ni cristales, ni fuego, sino plazas y plazas y otras plazas sin muros.

Ya está sobre la piedra Ignacio el bien nacido. Ya se acabó; ¿qué pasa? Contemplad su figura: la muerte le ha cubierto de pálidos azufres y le ha puesto cabeza de oscuro minotauro.

Ya se acabó. La lluvia penetra por su boca. El aire como loco deja su pecho hundido, y el Amor, empapado con lágrimas de nieve, se calienta en la cumbre de las ganaderías.

¿Qué dicen? Un silencio con hedores reposa. Estamos con un cuerpo presente que se esfuma, con una forma clara que tuvo ruiseñores y la vemos llénarse de agujeros sin fondo.

¿Quién arruga el sudario? ¡No es verdad lo que dice! Aquí no canta nadie, ni llora en el rincón, ni pica las espuelas, ni espanta la serpiente: aquí no quiero más que los ojos redondos para ver ese cuerpo sin posible descanso.

Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura. Los que doman caballos y dominan los ríos: los hombres que les suena el esqueleto y cantan con una boca llena de sol y pedernales.

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra. Delante de este cuerpo con las riendas quebradas. Yo quiero que me enseñen dónde está la salida para este capitán atado por la muerte.

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río que tenga dulces nieblas y profundas orillas, para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda sin escuchar el doble resuello de los toros.

Que se pierda en la plaza redonda de la luna que finge cuando niña doliente res inmóvil; que se pierda en la noche sin canto de los peces y en la maleza blanca del humo congelado.

No quiero que le tapen la cara con pañuelos
para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Ignacio: No sientas el caliente bramido.
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

DE PABLO DE ROKHA.

Violeta y su guitarra

La gran placenta de la tierra la está pariendo cuotidianamente, como a un niño de material sangriento e irreparable, y el hambre milenaria y polvorosa de todos los pueblos calibra su vocabulario y su idioma folklórico, es decir, su estilo, como su destino estético y no a la manera de las categorías.
Por eso es pueblo y dolor popular, complejo y ecuménico en su sencillez de subterráneo, porque el pueblo e complejo, sencillo, tremendo e inmortal, como sus héroes, criado con leche de sangre.
Tiene su arte aquella virtud de salud, que es vital y mortal simultáneamente, de las honestas, recias, tremendas yerbas medicinales de Chile, que aroman las colinas o las montañas y las arañan con su olor a sudor dl mundo del futuro, o de lo remoto antiquísimo, y son como látigos de miel dialéctica, con hierro adentro, en rebelión contra el yugo.
Yo no defino así ni el volumen ni el tamaño social de su estilo; no, me refiero a la cualidad que la orienta a ella y su guitarra y aun la pintura en proverbio o la tonada revolucionaria, a su guitarra y a ella, porque ella no es una guitarra con mujer, sino una mujer con guitarra.
Por debajo, en el total denominador común humano, su folklore, no snob, se entronca a la Picaresca española, construida con la entraña popular, interfiriéndolo; un catolicismo, más pagano que cristiano, llora, sonríe, brama en el subsuelo; aquel humor feliz de sentirse desaventurado de coraje dramatiza la guitarra y de tan ingenuo es macabro, como la gárgola de la Catedral Gótica, como Rabelais o como el Aduanero Henri Julien Rousseau, o Bosch, el fraile terrible.
Saludo a Violeta, como a una "cantora" americana de todo lo chileno, chilenísimo y popular, entrañablemente popular, sudado y ensangrentado y su gran enigma, y como a una heroica mujer chilena.

domingo, 21 de octubre de 2007

Flujo o corriente de la conciencia

Voy a hacer mi defensa la prédica será mi alegato defensivo ante el tribunal que ha venido a erigir el negro ante el juez negro ante su conciencia negra debo prepararme debo meditar bien las palabras apropiadas las ideas que podrían influir en su ánimo tal vez salvar su alma y no porqué me miento por qué trato de engañarme yo no estoy tratando de salvar su alma ojalá que la salvara ojalá que quisiera salvarla que pudiera querer algo más que salvarme yo y debería ser lo contrario primero su alma y después mi vida habrá más regocijo en el reino de los cielos por un pecador arrepentido que por cien justos o mil justos olvidé cuántos justos no importa y yo soy uno y talvez no soy justo o por lo menos no tengo derecho a sentir que lo soy porque ya eso me haría poco justo y poco digno señor que yo pueda desear la salvación de esta alma hundida en la sombra porque si no la deseo cómo podré salvar la mía yo que soy tu sacerdote.

Soliloquio

Imagínate que tienes una herida en alguna parte de tu cuerpo, en alguna parte que no puedes ubicar exactamente, y que no puedes, tampoco, ver ni tocar, y supón que esa herida te duele y amenaza abrirse o se abre cuando te olvidas de ella y haces lo que no debes, inclinarte, correr, luchar o reír; apenas lo intentas, la herida surge, su recuerdo primero, su dolor enseguida: aquí estoy, anda despacio. No te quedan más que dos caminos: o renunciar a vivir así, haciendo a propósito lo que no debes, o vivir así, evitando hacer lo que no debes.

MONOLOGO INTERIOR

Yo encontré el cuerpo roto y desmembrado de un hombre, como un grande y trágico polichinela, acribillado a balazos contra la arena. El gran muñeco, el trágico payaso, de pronto así, patente y claro, a mis pies, en toda su crudeza, pobre José Taronjí que me dio su apellido, gritando en el suelo mudos reproches doloridos. Su humillado cadáver. Ni siquiera el odio le podía salvar, en medio de su muerte. También tuvo miedo, en el último momento. Pobre José Taronjí, cortaron súbita, brutalmente, todos sus hilos, y ni el odio le pudo dar fuerzas para morir, huyendo por el terraplén abajo, atrapado, como un conejo.

SURREALISMO


Poeta Negro

Antonin Artaud

Poeta negro, te obsesiona

un seno de doncella

poeta amargo, la vida se agita

y arde la ciudad

y el cielo se diluye en agua,

y tu pluma punza el corazón de la vida.

Selva, selva, ojos irisados

sobre pináculos que se multiplican

hilos de tormenta, los poetas

montan caballos, montan perros.

Los ojos se enardecen, las lenguas giran

el cielo fluye hacia las fosas nasales

como una leche azul y nutritiva;

estoy atento a sus bocas

mujeres, rígidos corazones de vinagre.

CREACIONISMO


Mujer el mundo está amueblado por tus ojos
Se hace más alto el cielo en tu presencia
La tierra se prolonga de rosa en rosa
Y el aire se prolonga de paloma en paloma
Al irte dejas una estrella en tu sitio
Dejas caer tus luces como el barco que pasa
Mientras te sigue mi canto embrujado
Como una serpiente fiel y melancólica
Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro
¿Qué combate se libra en el espacio?
Esas lanzas de luz entre planetas
Reflejo de armaduras despiadadas
¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso?
En dónde estás triste noctámbula
Dadora de infinito
Que pasea en el bosque de los sueños
Heme aquí perdido entre mares desiertos
Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche
Heme aquí en una torre de frío
Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos
Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera
Luminosa y desatada como los ríos de montaña
¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos?
Te pregunto otra vez
El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos
Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo
Te habla por mí el color de los paisajes sin viento
Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas
Dormido en tu memoria
Te habla por mí el arroyo descubierto
La hierba sobreviviente atada a la aventura
Aventura de luz y sangre de horizonte
Sin más abrigo que una flor que se apaga
Si hay un poco de viento
Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil
Se pierde el mundo bajo tu andar visible
Pues todo es artificio cuando tú te presentas
Con tu luz peligrosa
Inocente armonía sin fatiga ni olvido
Elemento de lágrima que rueda hacia adentro
Construido de miedo altivo y de silencio
Haces dudar al tiempo
Y al cielo con instintos de infinito
Lejos de ti todo es mortal
Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches
Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad
He aquí tu estrella que pasa
Con tu respiración de fatigas lejanas
Con tus gestos y tu modo de andar
Con el espacio magnetizado que te saluda
Que nos separa con leguas de noche
Sin embargo te advierto que estamos cosidos
A la misma estrella
Estamos cosidos por la misma música tendida
De uno a otro
Por la misma sombra gigante agitada como árbol
Seamos ese pedazo de cielo
Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa
La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño
En vano tratarías de evadirte de mi voz
Y de saltar los muros de mis alabanzas
Estamos cosidos por la misma estrella
Estás atada al ruiseñor de las lunas
Que tiene un ritual sagrado en la garganta
Qué me importan los signos de la noche
Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho
Qué me importa el enigma luminoso
Los emblemas que alumbran el azar
Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos
Qué me importa ese miedo de flor en el vacío
Qué me importa el nombre de la nada
El nombre del desierto infinito
O de la voluntad o del azar que representan
Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis
O banderas de presagio y de muerte
Tengo una atmósfera propia en tu aliento
La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas
Con su propio lenguaje de semilla
Tu frente luminosa como un anillo de Dios
Más firme que todo en la flora del cielo
Sin torbellinos de universo que se encabrita
Como un caballo a causa de su sombra en el aire
Te pregunto otra vez
¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos?
Tengo en voz tuya para toda defensa
Esa voz que sale de ti en latidos de corazón
Esa voz en que cae la eternidad
Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes
¿Qué sería la vida si no hubieras nacido?
Un cometa sin manto muriéndose de frío
Te hallé como una lágrima en un libro olvidado
Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho
Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan
Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas
De un Dios encontrado en alguna parte
Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú
El pájaro de antaño en la clave del poeta
Sueño en un sueño sumergido
La cabellera que se ata hace el día
La cabellera al desatarse hace la noche
La vida se contempla en el olvido
Sólo viven tus ojos en el mundo
El único sistema planetario sin fatiga
Serena piel anclada en las alturas
Ajena a toda red y estratagema
En su fuerza de luz ensimismada
Detrás de ti la vida siente miedo
Porque eres la profundidad de toda cosa
El mundo deviene majestuoso cuando pasas
Se oyen caer lágrimas del cielo
Y borras en el alma adormecida
La amargura de ser vivo
Se hace liviano el orbe en las espaldas
Mi alegría es oir el ruido del viento en tus cabellos
(Reconozco ese ruido desde lejos)
Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de árbol
Eres una lámpara de carne en la tormenta
Con los cabellos a todo viento
Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños
Mi alegría es mirarte solitaria en el diván del mundo
Como la mano de una princesa soñolienta
Con tus ojos que evocan un piano de olores
Una bebida de paroxismos
Una flor que está dejando de perfumar
Tus ojos hipnotizan la soledad
Como la rueda que sigue girando después de una catástrofe
Mi alegría es mirarte cuando escuchas
Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua
Y te quedas suspensa largo rato
Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar
Nada tiene entonces semejante emoción
Ni un mástil pidiendo viento
Ni un aeroplano ciego palpando el infinito
Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento
Ni el arco iris con las alas selladas
Más bello que la parábola de un verso
La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma
Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos
Con la cabeza levantada
Y todo el cabello al viento
Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña
Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma
Que un faro en la neblina buscando a quien salvar
Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento
Eres el ruido del mar en verano
Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración
Mi gloria está en tus ojos
Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno
Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada
Bajo el silencio estético de inmóviles pestañas
Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos
Y un viento de océano ondula tus pupilas
Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida
Tu voz hace un imperio en el espacio
Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en el
aire
Y ese mirar que escribe mundos en el infinito
Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad
Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados
Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del éter
Y ese beso que hincha la proa de tus labios
Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida
Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho
Dormido a la sombra de tus senos
Si tú murieras
Las estrellas a pesar de su lámpara encendida
Perderían el camino
¿Qué sería del universo?

sábado, 20 de octubre de 2007

Montaje

Teatro del absurdo


El Padre : Ayer a esta hora logré captar una señal de alguien que me dijo algo de alguien.

Tía 1 : No es seguro.

Tía 1 : Lo recordaríamos muy bien

Tía 2 : No es de las cosas que se olvidan fácilmente
El Padre : Debí haber anotado lo que me decía, el número, el lugar de donde me hablaba, todo. Podría haber contado con los dedos, o simplemente haber hecho una marca con el cortaplumas en el espejo.

Tía 1 : Te habrías cortado la cara

El padre : Mi padre conocía a un pescador que llevaba de esa manera la cuenta de sus estornudos mensuales.

Tía1 : Los médicos lo recomiendan.

Tía 2 : Para evitar el embarazo

El padre : (Disculpándose) Por supuesto que se podía evitar. Siempre he sido muy precavido. Se lo dije una y mil veces, pero Edelvina no tomó precauciones (Dirigiéndose a la fotografía de su mujer, en un portarretratos) ¿Quieres tener un hijo? ¡Y lo vas a tener, Edelvina, a pesar de tu salud! ¿En qué estabas pensando la noche en que te bajó el cariño? Pensabas en ti misma, estoy seguro... (Una pausa) Un hijo... Alguien que me dijera lo que siempre quise oír, mirarlo horas enteras hacer sus pequeños gestos... sus balbuceos... escuchar sus palabras...
Tía 1: : Pero era mudo

Tía2 : Es mudo

Tía 1 y Tía 2 : MU-DO

Tía 1 :Sin embargo había una solución...

Tía2 : Radical

Tía 1 : Casi indolora

Tía 2 : E inodora

Tía 1 :Una solución silenciosa

Tía2 : Una solución decente

El padre : ¡Eso tiene nombre!

Tía 1 : ¡No lo digas, por respeto al niño! (Muestra al mudo)

El Padre : (Fuerte) ¡¡Eutanasia!!
Tía 2 : ¡Severo!

El Padre : ¡Ema!

Tía 2 : ¡Severo!

El padre : ¡Eduviges!
(Se produce un silencio)
El padre : (Conciliador) Seamos civilizados...

Tía 1 : ...Comprensivos

Tía2 : ...Sinceros.

El padre : Seamos humanos...

Tía 1 : (A David) ¿Te pusiste el cuello de plástico? Eso te favorece mucho.

Tía 2 : ¿Tomaste el aceite de hígado de bacalao? Te da tan buen aspecto...

El padre : Ya eres un hombre, hijo mío, y en un hombre, lo principal es la vitalidad, sobretodo antes del matrimonio... Hoy mismo te presentaré a tu novia: Emiliana. Yo sólo conozco a la Sra. Tudor, pero no hay ninguna razón para creer que el trasero de la hija sea peor que el de la madre. No te portes como un idiota ni te acerques mucho. Yo, antes de besar a tu madre, me frotaba las encías con sulfato de cobre. (David emite unos gruñidos) Y sobretodo no gruñas ni empieces a babear. Concéntrate y cierra la boca. Nadie te dirá nada porque eres mudo, pero trata de disimular, en lo posible, tu deficiencia mental.

Tía 1 : David, ¿Te ha dicho tu padre la verdad, sobre la vida y el matrimonio?

El Padre : (Confundido y avergonzado) ¡Pero es difícil!

Tía 1 y Tía 2 : ¡Pero es necesario!

El Padre : (Tose y adquiere un tono grave y solemne) David... Desde niño te dijimos que yo te había engendrado en el vientre de tu madre... Tú sabes, esa tontería infantil de la fecundación de espermios y óvulos... ¡Pero no! Tú no naciste del vientre de tu madre. Eso sería muy simple y ridículo. La verdad es otra. Un día cualquiera a tu madre y a mí nos bajó una curiosidad muy tonta... ¿Para qué será esto? ¿Para qué será esto otro? Y ¡Zas! Apareciste en el transmisor de radio, nadie sabe cómo. ¿Entiendes ahora? Sé que es difícil y doloroso destruir una ilusión, pero es la verdad. Respecto a tu matrimonio... Toma el amor con distancia, según estrictos consejos médicos... un poco después de cada comida. Si te acercas mucho vas a tener un engendro mudo... Si te alejas mucho de ella, se volverá loca como tu madre. (Toma el retrato de su mujer) ¡Edelvina, mírame! ¡no, no me mires con esos ojos tan crueles!¡Con esos ojos de loca! ¡Fuiste tú la que ahogó los peces rojos llenando la pecera con vino! Si no fuera por eso, te podría mirar como antes... Tenías el pelo suave... Y ahora estás vieja, odiosa, aterrada...

Tía 1 : Ahogó a los peces por maldad

Tía 2 : Estaba loca

Tía1 : Completamente loca