martes, 6 de noviembre de 2007

Federico García Lorca

Adam



Árbol de Sangre riega la mañana
por donde gime la recién parida.
Su voz deja cristales en la herida
y un gráfico de hueso en la ventana.

Mientras la luz que viene fija y gana
blancas metas de fábula que olvida
el tumulto de venas en la huida
hacia el turbio frescor de la manzana,

Adam sueña en la fiebre de la arcilla
un niño que se acerca galopando
por el doble latir de su mejilla.

Pero otro Adán oscuro está soñando
neutra luna de piedra sin semilla
donde el niño de luz se irá quemando.

1 comentario:

Carolina de Mónaco dijo...

Profe, debió haber visto el documental que dieron en la feria internacional del libro este jueves pasado, sobre los últimos días de vida de Lorca, estuvo genial. Debo confesar que casi lloro... creo que nunca olvidaré esta frase: "¡rojo maricón!" Pobre Lorca, su condición política y sexual lo condenaron.

Grande garcía Lorca!