domingo, 29 de marzo de 2009
jueves, 26 de marzo de 2009
Sófocles
ANTÍGONA
PRIMERA PARTE
La escena, frente al palacio real de Tebas con escalinata. Al fondo, la montaña.
Cruza la escena Antígona para entrar en palacio.
Al cabo de unos instantes, vuelve a salir, llevando del brazo a su hermana Ismene a la que hace bajar las escaleras y aparta de palacio.
CORO
Felices aquellos que no prueban en su vida la desgracia. Pero si un dios azota de males la casa de alguno, la ceguera no queda, no, al margen de ella y hasta el final del linaje la acompaña. Es como cuando contrarios, enfurecidos vientos tracios hinchan el oleaje que sopla sobre el abismo del profundo mar; de sus profundidades negra arena arremolina, y gimen ruidosas, oponiéndose al azote de contrarios embates, las rocas de la playa. Así veo las penas de la casa de los Lablácidas cómo se abaten sobre las penas de los ya fallecidos: ninguna generación liberará a la siguiente, porque algún dios la aniquila, y no hay salida. Ahora, una luz de esperanza cubría a los últimos vástagos de la casa de Edipo; pero, de nuevo, el hacha homicida de algún dios subterráneo la siega, y la locura en el hablar y una Erinis en el pensamiento.¿Qué soberbia humana podría detener, Zeus, tu poderío? Ni el sueño puede apresarla, él, que todo lo domina, ni la duración infatigable del tiempo entre los dioses. Tú, Zeus, soberano que no conoces la vejez, reinas sobre la centelleante, esplendorosa serenidad del Olimpo. En lo inminente, en lo porvenir y en lo pasado, tendrá vigencia esta ley: en la vida de los hombres, ninguno se arrastra -al menos por largo tiempo- sin ceguera. La esperanza, en su ir y venir de un lado a otro, resulta útil, sí, a muchos hombres; para muchos otros, un engaño del deseo, capaz de confiar en lo vacuo: el hombre nada sabe, y le llega cuando acerca a la caliente brasa el pie. Resulta ilustre este dicho, debido no sé a la sabiduría de quién: el mal parece un día bien al hombre cuya mente lleva un dios a la ceguera; brevísimo es ya el tiempo que vive sin ruina.
jueves, 19 de marzo de 2009
Walt Whitman
Dije que el alma no es superior al cuerpo,
y dije que el cuerpo no es superior al alma,
y nada, ni Dios siquiera, es más grande
para uno que lo uno mismo es,
y quien camina una cuadra sin amar al prójimo
camina amortajado hacia su propio funeral,
y yo o tú podemos comprar la flor y nata
de la Tierra sin un céntimo, sin un céntimo
en el bolsillo,
y mirar con un sólo ojo o mostrar un grano
en su vaina, desconcierta las enseñanzas
de todos los tiempos,
y no hay oficio ni empleo en el que un joven
no pueda convertirse en héroe,
y el objeto más delicado puede servir
de eje al universo,
y digo a cualquier hombre o mujer:
que tu alma se alce tranquila y serena
ante un millón de universos.
y dije que el cuerpo no es superior al alma,
y nada, ni Dios siquiera, es más grande
para uno que lo uno mismo es,
y quien camina una cuadra sin amar al prójimo
camina amortajado hacia su propio funeral,
y yo o tú podemos comprar la flor y nata
de la Tierra sin un céntimo, sin un céntimo
en el bolsillo,
y mirar con un sólo ojo o mostrar un grano
en su vaina, desconcierta las enseñanzas
de todos los tiempos,
y no hay oficio ni empleo en el que un joven
no pueda convertirse en héroe,
y el objeto más delicado puede servir
de eje al universo,
y digo a cualquier hombre o mujer:
que tu alma se alce tranquila y serena
ante un millón de universos.
domingo, 8 de marzo de 2009
A. Rimbaud
HAMBRE
Si tengo apetito es sólo
De la tierra y de las piedras.
Yo almuerzo siempre con aire,
Hierro, carbones y peñas.
Hambres mías, girad. Hambres, cruzad
El prado de sonidos.
Atraed el veneno alegre
De los lirios.
Comed los cascotes rotos,
Piedras de viejas iglesias,
Guijas de antiguos diluvios,
Panes sueltos en grises glebas.
El prado de sonidos.
Atraed el veneno alegre
De los lirios.
Comed los cascotes rotos,
Piedras de viejas iglesias,
Guijas de antiguos diluvios,
Panes sueltos en grises glebas.
El lobo aullaba entre el follaje,
Las bellas plumas escupiendo
De su comida de volátiles:
Como él me estoy consumiendo.
Las ensaladas, las frutas,
Solo esperan la cosecha;
Pero la araña del seto
No come más que violetas.
Solo esperan la cosecha;
Pero la araña del seto
No come más que violetas.
¡Que yo duerma! Que borbotee
En los altares de Salomón.
El hervor corre por la herrumbre,
Y se mezcla con el Cedrón.
jueves, 5 de marzo de 2009
Patricio Manns - Horacio Salinas
Retrato
De amplia miel era su
corazón en agraz
y su boca locuaz
como un viento fluvial.
La corriente total
de su sangre en acción
la arrastraba en turbión
convencido y caudal.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado durmió.
Germinó con aquel
resplandor maternal
que la hacía panal
y la henchía de ser.
Y aprendió a comprender
y comprendió al pensar
y pensó al militar
y militó al crecer.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado soñó.
Cuando ardió la ciudad,
cuando el tanque arrasó
y su pueblo cayó
traicionado otra vez
la vi mucho a través
de los meses actuar,
trabajar, ayudar,
desgarrarse los pies.
No fue extraña al telar
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y desapareció.
corazón en agraz
y su boca locuaz
como un viento fluvial.
La corriente total
de su sangre en acción
la arrastraba en turbión
convencido y caudal.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado durmió.
Germinó con aquel
resplandor maternal
que la hacía panal
y la henchía de ser.
Y aprendió a comprender
y comprendió al pensar
y pensó al militar
y militó al crecer.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado soñó.
Cuando ardió la ciudad,
cuando el tanque arrasó
y su pueblo cayó
traicionado otra vez
la vi mucho a través
de los meses actuar,
trabajar, ayudar,
desgarrarse los pies.
No fue extraña al telar
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y desapareció.
Patricio Manns - Horacio Salinas
Retrato
De amplia miel era su
corazón en agraz
y su boca locuaz
como un viento fluvial.
La corriente total
de su sangre en acción
la arrastraba en turbión
convencido y caudal.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado durmió.
Germinó con aquel
resplandor maternal
que la hacía panal
y la henchía de ser.
Y aprendió a comprender
y comprendió al pensar
y pensó al militar
y militó al crecer.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado soñó.
Cuando ardió la ciudad,
cuando el tanque arrasó
y su pueblo cayó
traicionado otra vez
la vi mucho a través
de los meses actuar,
trabajar, ayudar,
desgarrarse los pies.
No fue extraña al telar
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y desapareció.
corazón en agraz
y su boca locuaz
como un viento fluvial.
La corriente total
de su sangre en acción
la arrastraba en turbión
convencido y caudal.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado durmió.
Germinó con aquel
resplandor maternal
que la hacía panal
y la henchía de ser.
Y aprendió a comprender
y comprendió al pensar
y pensó al militar
y militó al crecer.
No fue extraña al telar,
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y a mi lado soñó.
Cuando ardió la ciudad,
cuando el tanque arrasó
y su pueblo cayó
traicionado otra vez
la vi mucho a través
de los meses actuar,
trabajar, ayudar,
desgarrarse los pies.
No fue extraña al telar
por la usina pasó,
a la greda volvió,
regresó de la mar
y desapareció.
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