jueves, 26 de marzo de 2009

Sófocles

ANTÍGONA
PRIMERA PARTE


La escena, frente al palacio real de Tebas con escalinata. Al fondo, la montaña.
Cruza la escena Antígona para entrar en palacio.
Al cabo de unos instantes, vuelve a salir, llevando del brazo a su hermana Ismene a la que hace bajar las escaleras y aparta de palacio.



CORO
Felices aquellos que no prueban en su vida la desgracia. Pero si un dios azota de males la casa de alguno, la ceguera no queda, no, al margen de ella y hasta el final del linaje la acompaña. Es como cuando contrarios, enfurecidos vientos tracios hinchan el oleaje que sopla sobre el abismo del profundo mar; de sus profundidades negra arena arremolina, y gimen ruidosas, oponiéndose al azote de contrarios embates, las rocas de la playa. Así veo las penas de la casa de los Lablácidas cómo se abaten sobre las penas de los ya fallecidos: ninguna generación liberará a la siguiente, porque algún dios la aniquila, y no hay salida. Ahora, una luz de esperanza cubría a los últimos vástagos de la casa de Edipo; pero, de nuevo, el hacha homicida de algún dios subterráneo la siega, y la locura en el hablar y una Erinis en el pensamiento.¿Qué soberbia humana podría detener, Zeus, tu poderío? Ni el sueño puede apresarla, él, que todo lo domina, ni la duración infatigable del tiempo entre los dioses. Tú, Zeus, soberano que no conoces la vejez, reinas sobre la centelleante, esplendorosa serenidad del Olimpo. En lo inminente, en lo porvenir y en lo pasado, tendrá vigencia esta ley: en la vida de los hombres, ninguno se arrastra -al menos por largo tiempo- sin ceguera. La esperanza, en su ir y venir de un lado a otro, resulta útil, sí, a muchos hombres; para muchos otros, un engaño del deseo, capaz de confiar en lo vacuo: el hombre nada sabe, y le llega cuando acerca a la caliente brasa el pie. Resulta ilustre este dicho, debido no sé a la sabiduría de quién: el mal parece un día bien al hombre cuya mente lleva un dios a la ceguera; brevísimo es ya el tiempo que vive sin ruina.

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